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Las emociones: ¿aliadas o enemigas?

“Casi todo el mundo piensa que sabe qué es una emoción hasta que intenta definirla. En ese momento prácticamente nadie afirma poder entenderla” (Wenger, Jones y Jones)

Partiendo de esta premisa, una emoción se podría definir como un estado de ánimo de bienestar o malestar espontáneo como respuesta a una situación vivida y que conlleva una reacción fisiológica, comportamental y subjetiva con el fin de adaptarnos al medio que nos rodea.

Cada emoción, está ligada a una respuesta física de nuestro cuerpo y no sólo a nivel postural, gestual y corporal sino en procesos psicofisiológicos más complejos, activándose o desactivándose según la emoción que estamos experimentando.

Veamos cómo reaccionamos a las emociones más conocidas:

Tristeza

La tristeza hace que nuestro cuerpo tenga menos energía y posturalmente estemos encogidos;  la musculatura tiene un tono bajo y sentimos cansancio. Se da un enlentecimiento del metabolismo corporal y una pérdida de interés por las actividades.

Miedo

El miedo hace que nuestro cuerpo se prepare para la huida, se tensa para responder a un peligro, por lo que se desplaza el flujo sanguíneo hacia las extremidades inferiores, se da una dilatación de las pupilas para percibir mejor los estímulos, la respiración se acelera y se ralentiza la digestión.

Ira

Ante una situación de peligro también podemos sentir ira y la respuesta en nuestro cuerpo será de ataque, preparándose para la acción defensiva. Se activa el flujo sanguíneo y el sistema hormonal (adrenalina). Aumenta nuestra energía, las pupilas se dilatan, se “enciende” el rostro y actuamos de forma instintiva, impulsiva e intensa con el fin de acabar con el peligro.

Alegría

Al sentir alegría suceden procesos contrarios, la musculatura se relaja, sentimos seguridad y el estado de alerta desaparece, nuestro cuerpo se abre a los estímulos exteriores y a las relaciones sociales. Además aumenta la necesidad de realizar actividades placenteras. Estamos en un estado de calma que hace que los pensamientos negativos sean inhibidos.

Asco

El asco nos ayuda a adaptarnos al mundo de una manera saludable, activándose cuando vivimos una experiencia que puede dañarnos o perjudicar nuestra salud. Así, nuestra musculatura se tensa y se da una mayor conductancia de la piel (piel de gallina), arrugamos la nariz, cerramos los ojos y podemos sentir náuseas. Además provoca una reacción de rechazo hacia el estímulo llevando a una evitación de situaciones semejantes.

Sorpresa

Por último, la sorpresa se activa cuando aparece una novedad, nos hace prestar atención y procesar la información para responder al estímulo novedoso. El cuerpo se pone en estado de alerta, y aumenta la actividad cognitiva así como el reflejo de orientación, además, disminuye la frecuencia cardíaca. Esta emoción facilita la aparición de otra emoción y una reacción conductual ante situaciones novedosas, por ejemplo, un coche que se salta el semáforo rojo ante nosotros.

¿Cuando son nuestras enemigas?

Frases como “No estés triste”,  “¿de verdad eso te da miedo?”, “¡si no es para tanto!” Hacen que veamos las emociones como algo de lo que no se debe hablar y en ocasiones hasta no debemos sentir. Sin embargo, evitar sentir, reprimirlas o dejarlas de lado lo único que consigue es que no seamos conscientes de ellas, no hace que desaparezcan.

Las emociones, al igual que los pensamientos, son un flujo continuo que sucede queramos o no, ya que son respuestas de adaptación al medio que nos rodea.

Cuando hablamos de emociones positivas, negativas o neutras nos referimos a ellas en términos del bienestar o malestar que producen en nosotros.

Sin embargo, cualquier emoción que se vive con gran intensidad y de forma prolongada en el tiempo, puede ocasionar en la persona que la siente un gran número de consecuencias desagradables, a nivel físico y psicológico. Así pues, las emociones son adaptativas siempre y cuando seamos conscientes de ellas y sepamos gestionar su intensidad.

¿Cómo convertirlas en aliadas?

En primer lugar romper el concepto cultural, social y educacional de que “sentir” es algo malo, es de débiles o de personas “espirituales”. Las emociones son parte del ser humano y aprender a gestionarlas nos ayudará en todos los ámbitos de nuestra vida, familia, trabajo, relaciones…

Gestionarlas pasa por ser consciente de mi manera de sentir y de expresar, para ello:

  • Reconozco mis emociones, les pongo nombre “Es que tengo una sensación rara, no se como decirlo, que no sé si es tristeza, fatiga, impotencia…”
  • Les doy valor, me doy permiso para sentirlas “Es normal sentir miedo cuando esperas un hijo, son muchas cosas las que van a cambiar, pero el miedo me ayuda a estar atenta a lo que necesite, yo puedo hacerlo”
  • Decidir que quiero hacer con ellas, cómo quiero expresarlas. “Me ha dolido lo que me ha dicho, voy a hablar con él y decirle lo que siento.”, “si le digo lo que siento se reirá de mí, así que me callo y hago como si nada…”

En Centro Empsana podemos acompañarte en el descubrimiento de tu mundo emocional. Un camino de crecimiento en el cual aprender a vivir de una manera más consciente, autónoma y asertiva. La regulación y gestión emocional es la clave para disfrutar de las actividades, las relaciones, el ámbito laboral. ¿Te animas a descubrirlo?, encontrarás vivencias increíbles.

“Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma” Jung.

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